Sartre – Fenomenología en “El ser y la Nada”

El ser y la nada El ser y la Nada de Jean-Paul Sartre

Nuestro pensamiento reduce el ser a sus fenómenos. Huimos así  de la dualidad y de la dialéctica.

Para Spinoza todas las apariciones son manifestaciones de un único ser (monismo) que se manifiesta en concretos y abstractos.

En el acto de reducir el ser al fenómeno, negamos la dualidad de la potencia y el acto, todo es acto porque pensamos o vemos el acto en la cosa. No meditamos que lo que pensamos ya es en acto en ese instante.

Tomemos los colores por ejemplo. Si Newton no hubiera ido por el ser detrás de la aparición del fenómeno de determinado color, jamas hubiera llegado a la conclusión de que la cosa percibida refleja la luz de la frecuencia que observamos, si algo “es rojo” es porque refleja la luz de la frecuencia que el ojo humano interpreta como rojo, al mismo tiempo que atrapa el resto de las frecuencias. Pero el ser rojo nunca estuvo en la cosa observada.

Reemplazamos la realidad por nuestra objetivación de ella. Si bien la serie de apariciones de la cosa no depende del sujeto, la manera en que el sujeto es afectado por la cosa es una plenitud subjetiva e intuitiva. Si el fenómeno puede trascenderse es porque el sujeto lo trasciende a una idea o concepto, el acto de trascender no es razonado, es una capacidad adquirida por practica.

El dualismo del ser y el parecer, cambia por el dualismo del finito y el infinito, y del infinito en lo finito, la apariencia es solo un aspecto de lo que es. El problema reside en que la aparición no remite al ser, sino a si misma y a una secuencia de apariciones.

Es Husserl quien que propone la reducción eidética y fenomenológica, de los fenómenos, hasta alcanzar la esencia (el ser). Heidegger posteriormente nos enseño que la realidad humana es óntico-ontológica, de un ente (existente) en relación con otros entes. Y que la existencia es el modo en que el ser es en el tiempo, mas allá de que está fuera del tiempo.

Para Sartre tanto existiresencia son apariciones, aun yo soy para mi mismo una aparición. El existente (hombre) es el que categoriza, sin él no existen las categorías, el objeto (nuestra objetivación) no enmascara ni devela el ser, el ser es el ser de todas las cualidades del objeto.

El objeto no remite al ser como a una significación: sería imposible, por ejemplo, definir el ser como una presencia, puesto que la ausencia devela también al ser, ya que no estar ahí es también ser. El objeto no posee el ser, y su existencia no es una participación en el ser, ni ningún otro género de relación. Decir es, es la única manera de definir su manera de ser; pues el objeto no enmascara al ser, pero tampoco lo devela… No lo devela, pues sería vano dirigirse al objeto para aprehender su ser. Lo existente es fenómeno, es decir que se designa a sí mismo como conjunto organizado de cualidades. Designa a sí mismo, y no a su ser. El ser es simplemente la condición de todo develamiento: es ser-para-develar y no ser develado. ¿Qué significa, entonces, ir más allá hacia lo ontológico, de que habla Heidegger? Con toda seguridad, puedo ir más allá de esta mesa o esta silla hacia su ser y formular la pregunta por el ser-mesa o el ser-silla. Pero, en este instante, desvío los ojos de la mesa-fenómeno para encarar el ser-fenómeno, que no es ya la condición de todo develamiento, sino que es él mismo algo develado, una aparición; y que, como tal, tiene a su vez necesidad de un ser fundándose en el cual pueda develarse.

El existente es un fenómeno con sus cualidades, que designa así mismo y no a su ser y que es nuestro objeto y objetivación de la cosa real.

El ser es simplemente la condición de posibilidad para la develación, es ser-para-develar, es fundamento de toda develación.

Solo podemos decir cosas acerca de los fenómenos, el ser,  para nosotros, es una revelación que se nos da por intuición, igual que nuestra existencia. Pero en tanto que objeto que construyo para mi. Y este ser no es el ser condición de toda aparición, porque el ser del fenómeno no puede reducirse al acto (fenómeno ) de ser. Pero el ser solo se puede mostrar desde los fenómenos.

El fenómeno exige un ser transfenoménico que obtengo por intuición y que es mio (intui: mio, dentro). El ser es un misterio, solo se puede intuir. El fenómeno es en tanto que apariencia, es autosuficiente, su ser real es inasible e incognoscible, pero le doy el ser transfenoménico intuitivamente (el acto puro de ser). La condición del fenoménico y del ser transfenoménico soy yo.

La filosofía nos ha dado otras definiciones de ser y aparecer que también descansan en la subjetividad. Para Berkeley si algo se me aparece es: “ser es ser percibido” (Esse est percipi). Definición que nos golpea cuando escuchamos a los físicos cuánticos proponer que la materia se organiza cuando la vemos, porque el principio de incertidumbre implica que las partículas están ahí y que no puedo observarlas sin determinarlas (alterarlas) para mi.

 La reducción fenomenológica de Husserl, es adoptada como método por Sartre (Heidegger, Ponty), pero Sartre (y Ortega y Gasset) no aceptan el noema (noumeno) irreal, que es el final de la reducción fenomenológica de Husserl, para él este noema irreal solo puede ser al ser percibido.

Sartre ofrece una filosofía de choque: las cosas me aparecen y yo las cosifico, el fenómeno es tal como aparece, esto es, el ser de la aparición es su aparecer, ser es ser percibido.

Sartre dedica el Capítulo III al percipi (el ser percibido) y al percipere (el acto de percibir).

Toda metafísica supone teoría del conocimiento, luego el ser del conocimiento debe existir. Sartre realiza una nueva crítica: toda teoría del conocimiento debiera determinar previamente el ser del conocimiento.

En la concepción “ser es ser percibido”, la pareja percipi-percipere no tiene ser que funde su conocimiento. El ser del conocimiento escapa al percipi y al percipere porque debe ser transfenoménico.

Si hay un ser detrás de la percepción, es el ser del sujeto (para objetivarlo debo desterrarme al infinito, nos dice Marcel). Es un ser que requiere conciencia de ser, de autoconocimiento.

Uno de los principales antecedentes es la “Teoría de los colores” de Goethe, que en principio no fue aceptada por la comunidad científica, para Goethe las leyes de óptica de Newton están comprendidas en la psicología del color donde la luz contiene la oscuridad, porque la luz la tengo yo.

Un sujeto cognoscente debe ser conciente, la conciencia pre-reflexiva es la intuición de las cosas. Estas se dan “a la reflexión que las conoce como habiendo estado allí antes”, la cosa intuida estuvo en potencia antes que en acto. Toda conciencia es conciencia-posicional-de-un-objeto-trascendente, la conciencia no tiene contenido. Las cosas no son, son-para-mi en tal situación o con tal intensión.

La intensionalidad del sujeto en primer lugar es intuitivo-afectiva respecto de su objeto, luego puede conocer el objeto.Es postulado sartreano que la conciencia es autoconsciente: La conciencia-de-mesa es consciente de ser conciencia-de-mesa, de no ser conciencia-de-sí, no sería conciencia.

En Sartre, la consciencia, la existencia y la intuición son postulados, nos son dados.

¿Qué significa conciencia de conciencia? Saber es tener conciencia de saber, reflexionar es conocer la conciencia, el conocimiento es el reflejo de la conciencia.

Las parejas sujeto-objeto, cognoscente-conocido, despiertan interrogantes: ¿Cual es el cognoscente del cognoscente? ¿cual es el final de la reflexión? Existiría una regresión al infinito o el absurdo de una conciencia no-consciente.

La conciencia no es dual (sujeto-objeto), la relación es inmediata, no cognitiva, de si a si. La conciencia es conocimiento de si.

La conciencia inmediata no permite afección ni juicios, está dirigida hacia el exterior, hacia el mundo. La conciencia perceptiva es cuando hago de la aparición un objeto mio, solo a partir de entonces es posicional de mi mismo.

Podemos “saber sin saber que se sabe”, puedo mirar mi estuche de cigarrillos y contarlos sin haberlo abierto para ello y sin meditar haberlos contado. Podemos realizar las operaciones aritméticas simples sin que tengamos conocimiento que explique como hacerlo. Se tiene conciencia de las abstracciones que hacemos aunque no las sepamos explicar.

El tomismo (Tomas de Aquino) habló de niveles de intelecto. Sartre habla de niveles de conciencia volviendo a Agustín (de Hipona), el tomismo de los niveles de intelecto es empirista, centrado en un sentido interno (vis cogitativa) ordenador de las percepciones.

La conciencia en Sartre, supera e incluye al sentido interno: si me avergüenzo, puedo elegir aceptar o rechazar esa emoción. La conciencia reflexiva pone como su objeto a la conciencia refleja. La conciencia reflexiva es un sujeto que cosifica a la conciencia refleja.

La conciencia inmediata (intuitiva) no permite juicios.

La conciencia afectiva (perceptiva) hace de la aparición un objeto mio.

La conciencia refleja, refleja la intuición de lo percibido.

La conciencia reflexiva, pone el intelecto sobre la conciencia refleja.

Es precondición de objetivar al Otro, haberme cosificado a mi mismo antes. El primer Otro que conozco soy yo mismo reflejado.

En pedagogía, Piaget es deudor de Sartre, quien lo es de Victor Hugo y Rousseau. Antes de ellos no se trataba de lo que pudiera aprehender, sino de lo que se nos “pudiera meter en la cabeza”.

La conciencia no-tética, o intuitiva, o no-posicional, es espontanea y no analítica, también es llamada cogito-prereflexivo.

La conciencia tética, o posicional, o intencional, de objeto, es analítica, es la conciencia en acto con intención cognitiva.

La conciencia reflexiva, es una conciencia posicional que toma por objeto a la propia conciencia, y es no-reflexiva, es decir, no-posicional, no-tética, respecto de si misma, y es el cogito cartesiano.

La aritmética simple puede realizarse en la conciencia no-tética, si me preguntan que hago, reflexiono y contesto “estoy contando”. El cogito-prereflexivo es la condición de posibilidad del cogito, del pensar.

Para Sartre, a diferencia de para Husserl, la intención no es condición de la conciencia, hay una conciencia anterior. Si bien toda conciencia existe como conciencia de existir. La primer conciencia es no-posicional (de) si. Sartre escribe el “de” entre paréntesis manifestando que responde a una construcción gramatical, un accidente omisible, y no a una visión epistemológica.

La conciencia (de) si no es una nueva conciencia, un placer o un dolor no puede existir sin una conciencia anterior , inmediata, luego viene la intención, la reflexión, el ser de la intensión no es posición, sino conciencia. La conciencia no-tética es condición del conocimiento.

El placer no puede distinguirse de la conciencia (de) placer, este es el modo mismo de su existencia.

La esencia de una cosa es la ordenación sintética de todas las posibilidades de ser de esa cosa, y esa ordenación sintética la hago yo cuando me objetiviso. La conciencia no es posible antes de ser, su existencia implica la esencia, tanto para Sartre como para Husserl esto es una necesidad de hecho, un postulado. No hay ley de la conciencia, no hay otra motivación de la conciencia diferente de si.

Para Sartre (también de Unamuno, Marcel) dejar de existir no es dejar de ser, nunca se deja de ser. El proyectar de la conciencia es la proyección en el ser,  la obra de la conciencia, luego “el ser, es el único verbo que no tiene renuncia”.

Para Descartes, las ideas innatas están en el hombre precediendo a toda experiencia, son un postulado. Para Sartre la conciencia es la condición de posibilidad del conocimiento, del pensar y del existir. Se opone también a Scoto, es el sujeto el que relativisa al objeto. La conciencia es un universal no-sustancial, una pura apariencia, un vacío total, un vacío existencial precisamente porque el mundo está afuera, su aparición no depende de nada, es un absoluto.

La subjetividad es una conciencia que se complejisa al incorporar conocimiento. Luego un fenómeno se reconoce “como habiendo estado allí antes”. Y el pensar se reconoce también como un recordarse en un momento anterior. El pensamiento no se capta sino como habiendo ya pensado. Ni siquiera lo podemos captar en el momento en que estamos pensando. Un ser, el que sea, escapa al conocimiento que le funda, no tiene explicación racional, es captado en tanto que es. El ser es irreductible. La conciencia sintetiza, el pensamiento analiza. La conciencia llega al conocimiento de manera espontánea.

El sujeto o agente es pasivo respecto de las posibilidades dadas por la estructura; es activo respecto de las decisiones que tome. El sujeto es doblemente relativo. Relativo a la actividad del Otro. Relativo a la existencia que padece, a la situación no resuelta que soporta.

Continúa en La pregunta por el ser.

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