La mirada del otro en Hermann Hesse

El lobo estepario – Hermann Hesse – 9789686378016

“El lobo estepario” de Hermann Hesse publicado en 1927 desde sus primeras páginas nos saluda como lo hacen las novelas existenciales. Uno de sus signos es la primacía de la mirada en personajes parcos pero profundos.

…recuerdo una expresión en ese sentido, que ni siquiera llegó a pronunciar, pues consistió simplemente en una mirada… una mirada instantánea… crítica de aquellas palabras… inolvidable y terrible… {pág 11}

La mirada es la evidencia física de la conciencia del otro obrando sobre uno o sobre un tercero, siempre arrojándonos hacia nuevos posibles, el conflicto, la alianza o la sumisión, esto es, la dialéctica del tercer otro que posteriormente nos enseña Sartre.

La mirada era mucho mas triste que irónica, insondable y amargamente triste; su contenido era una desesperanza callada, en cierto modo irremediable y definitiva, y en cierto modo convertida ya en forma y en hábito. {Ibid.}

La mirada acusa al relator de ser otro que le defrauda, de formar parte de lo que el sujeto, quien mira y juzga, rechaza. Triste, es una mirada triste, su juicio y perseverancia en su camino auténtico le deja solo. Y es que está condenado a ser fiel a su juicio, a cumplir el deber ser que escoge. Pero el sujeto no por ello emite sonido alguno, desesperanzado no se comunica, cosifica al otro en una categoría, lo encasilla en un adjetivo. El combate comienza, la persona objetivada, cosificada ¿lo dejará así?

 

 

Moral y ambigüedad del existir

En esta introducción al pensamiento de Beauvoir hay una importante sección dedicada a su moral.
“Simone de Beauvoir – Del sexo al género” – Cristina Sánchez Muños – 8425536001789

Decir que nuestra existencia es ambigua significa señalar la necesidad de pensarnos como conciencias, pero al mismo tiempo… sujetos a este mundo… <<es la existencia humana la que hace surgir en el mundo los valores a partir de los cuales podrá juzgar los proyectos en los que se comprometa>> El fundamento de la moral -de la moralidad existencialista- será la aceptación de la propia libertad. <<Quererse moral y quererse libre es una misma y única decisión>> … ¿Vale cualquier camino para obtener la libertad?

… reconocernos como fin supremo y último al que debe subordinarse toda acción, pero al mismo tiempo las exigencias de la misma nos obligan a tratarnos unos a otros como instrumentos, como medios, o como obstáculos. Es por tanto una ambigüedad que se plantea en nuestra relación con los otros… Beauvoir pone el énfasis en la cuestión de la libertad en situación, pues la libertad no se da en abstracto… Si la situación no permite la libertad… el ser humano <<se ve reducido a experimentar la contingencia en la desolación y la impotencia>> {pág. 43 y 44}

Marcel – Ser y tener – La libertad como carencia (II)

Ser y tener. Gabriel Marcel
Ser y tener. Gabriel Marcel
9-788487-943317

Continuamos con nuestro estudio de esta obra.

 Al platonismo de la idea como lo que supera a quien la encarna, Agustín y Marcel agregan la carga afectiva, a las abstracciones Marcel añadirá la emoción para llegar a una filosofía concreta, y en lo que respecta al tener se trata del ¿por qué quiero eso?

 Para asimilar una cosa, tiene que haber una cosa independiente de mí, así, si deseo que una amenaza X sea una oportunidad de alcanzar una mejora Y.

– el cambio que deseo existe en mi y es la “mejora Y”.

– el objeto de mi deseo existe independiente de mí y es la “amenaza X”.

 La idea del cambio la tengo en mí, de otro modo no podría proyectarla. Por tanto, tener el deseo de que se cumpla el cambio, es ser el deseo del cambio que quiero, mi conciencia es conciencia-de-deseo de ese cambio.

 La conciencia-angustia es toda intuición y nos revela las posibilidades que tenemos como caminos para recorrer en nuestro proyecto, nuestra vida. La sentencia existencialista es clara: somos angustia; preguntarse ¿que soy? ¿que puedo ser? ¿por qué soy y que debo ser? es el dasein heideggeriano, el existir.

 La conciencia-proyectante es nuestro deseo de pasar de una potencia a un acto, de darnos un nuevo en-sí, introyectar la cosa que deseo para mí me permite proyectarme dotado por las capacidades sobre la cosa, alcanzo la idea de mi futuro yo y me doy cita con él.

 La conciencia-poseedora posee una cosa en cierto grado independiente de sí y reconoce, actúa, uno de los posibles que adquirió con dicha cosa, así hacemos de nosotros un ser con poderes. Concedamos a Freud el acierto de su frase: “el hombre es un dios con prótesis”.

 Como de la nada nada sale, no podemos reflejar, expresar, lo que no tenemos, en cambio lo que poseo sí puedo elegir ignorarlo o bien hacerlo para mí y reflejarlo.  Reflejar, pasar una de mis potencias a acto, cambiará mi situación y en esta volveré a estar arrojado a mis posibles, cambiar mis circunstancias mediante mis actos, no cambiará mi condena a elegir, angustia-de-elegir es lo que soy y seré.

Ser y tener cuerpo

 ¿Poseemos nuestro cuerpo? ¿es acaso una cosa? ¿que soy yo si trato a mi cuerpo como cosa? Uno es su cuerpo, cosificar nuestro cuerpo es un acto de mala fe, en el suicidio pareciera afirmarse “mi cuerpo es un objeto, yo no soy nada” {Ibid. pag. 144}. Hegel dice: “yo soy el acto que afirma mi cuerpo”, la idea que tengo de mi cuerpo.

 Esta conceptualización del cuerpo está en Hegel antes que en Marcel, y en Marcel antes que en Sartre.  La posibilidad del suicidio nos rebela el misterio de la relación de posesión que uno tiene consigo mismo, uno es y posee su cuerpo. Quien se niega a matarse, se niega ese modo de ejercer la posesión de su cuerpo, su relación entre lo que es en-sí y lo que es para-sí difiere de la del suicida. En cierto modo, quien escoge la vida deja de pertenecerse, no se cosifica al punto de mandarse a la nada, de terminar con su cuerpo para nihilizar su proyecto.

…cuando digo: tengo un cuerpo, no quiero solamente decir: tengo conciencia de mi cuerpo; pero tampoco: hay algo que puede llamarse mi cuerpo. Parece que hay un término medio, un tercer reino. {ibid. pág. 146}

El cuerpo de otro y el nuestro, el aborto

Por lo mismo, quien aborta, cosifica a otro y lo manda a la nada, le niega todas sus posibilidades, en este punto, Marcel (véase), Buber, incluso en cierto modo Sartre (“La edad de la razón”, “San Genet”), difieren con de Beauvoir:

“El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido.

(…) El aborto terapéutico exige una “buena” razón para obtener el “permiso” de abortar. Esto significa que debemos merecer el derecho de no tener niños. Al igual que antes seguimos siendo desposeídas de nuestro derecho a dar la vida o no. Obligar a una mujer a ser madre seguiría siendo un principio legítimo. Establecer algunas excepciones a esta regla no haría más que reforzar esta legislación. Esta nueva ley, por muy liberal que está sea, continuaría ocupándose de nuestro cuerpo. Ahora bien, el uso de nuestro cuerpo no debe ser reglamentado en absoluto. Nunca aceptaremos excepciones; restos de lo que los otros seres humanos disfrutan desde su nacimiento: la libertad de hacer uso de su cuerpo a su antojo.”

Simone de Beauvoir – Manifiesto de las 343; 1971.

“Me gustaría hacerles compartir una convicción de las mujeres. Pido disculpas por hacerlo ante una asamblea formada exclusivamente por hombres: Para ninguna mujer abortar es una cosa placentera”.

Simone Veil – Debate sobre la ley de interrupción del embarazo; 1974.

 A riesgo de poder acusarseme de trivializar esta lucha, recordando la tristísima voz popular: ninguna mujer nace puta, entonces: ninguna persona nace abortista (llega a serlo por la situación que vive). Si al abortar se niegan las posibilidades del no-nato, y si acostumbramos decir que la cosificación es una dialéctica, el infierno del Otro sartriano, el reino del YoEso de Buber, el obrar humano contra lo humano de Marcel, se puede afirmar que la mujer cosificada cosificará, como lo hace todo ser humano, agredida en su vida, actuará contra la vida (incluso arriesgando la propia). Solo un superhombre, o una supermujer, podrá en todo momento ofrecer la otra mejilla.

 Mas allá de las, aparentemente, irresolubles diferencias, están los infinitos, aunque efímeros, encuentros: “You may say, I’m a dreamer, but I’m not the only one”.

Marcel – Ser y tener – La libertad como carencia (I)

Ser y tener. Gabriel Marcel
Ser y tener. Gabriel Marcel
9-788487-943317

Muchas personas entendemos la libertad como una independencia, una autonomía, Marcel, un filósofo poeta, nos contará otra forma de entender la libertad.

En la pag. 143 de esta edición de “Ser y tener”, Marcel comparte su “Esbozo de una fenomenología del tener” – le precede su “Diario metafísico” (1928-1933). Advierte desde el inicio que no desea desarrollar sus ideas con rigurosidad metodológica. Incluso afirma que el desarrollo de su pensar puede ser inviable, no se trata entonces de desarrollar comprobaciones lógicas, su filosofía será directa. El método tiene lugar para guiarse uno mismo mediante comprobaciones en cada paso, y para educar y justificarse, pero cuando se desea saber o encontrar, se debe primero preguntar, reafirma aquí su pensamiento como un (neo)socratismo, y también se muestra agustiniano, la verdad se intuye, se reconoce por introspección, no mediante metodologías o técnicas, estas permiten desarrollar lo que uno en cierto modo ya sabe (o cree saber).

…germen de una filosofía que en gran parte me limito a presentir y que, si resultara viable, otros se encargarían probablemente de desarrollar… Puede ser también que algunos de los caminos cuyo trazado quisiera esbozar terminen en un callejón sin salida. {pág. 143}

Así como Heidegger retoma la pregunta por el ser, Marcel se preguntará sobre el tener (los usos del francés “avoir” son variados: tener, haber, conseguir, entre muchos otros). La primer pregunta es sobre una emoción ¿como la intuición, la conciencia, reconoce una emoción la primera vez que se presenta?

¿Como es posible, me preguntaba, reconocer un sentimiento que se experimenta por vez primera? … Yo constataba que esta identificación es tanto mas realizable cuanto mas asimilable sea el sentimiento a algo que tengo, como cuando digo que tengo un resfriado o el sarampión; se deja entonces cercar, definir, intelectualizar.

¿Es la primera emoción el sentir la existencia? Con la subjetividad naciente (pero no nacida), se logra la condición de posibilidad de la vida humana (Heidegger, Sartre). El sentimiento es más asimilable a algo que tengo, el recién nacido entonces llora porque no tiene mundo, desconoce lo que siente. El miedo es discernible porque es la emoción primaria (angustia, nada, muerte).

Odio y amor, injusticia y justicia, son mas complejos, sin embargo racionalizables. “…el amor puede revestir formas desconcertantes, que impiden a aquel que las experimenta el sospechar su verdadera naturaleza” {ibíd.} Hay en el objeto de la emoción, una relación afectiva que trae consigo el miedo porque la trama afectiva es irracional.

…cuanto menos localizable sea este sentimiento… menos podré reconocerlo. Pero ¿no existe precisamente, por oposición a estos sentimientos que tengo, una especie de trama afectiva que es de tal manera consustancial con lo que soy…? Así es como llegué a entrever, si no una distinción neta , por lo menos una especie de gama de matices, una degradación insensible entre un sentimiento que tengo y un sentimiento que soy. {pág. 144}

Contemporáneos, Marcel y Sartre se influyeron mutuamente, Sartre afirma en “El ser y la Nada” que la conciencia se afecta del sentimiento y que, en situación, el sentimiento es el modo en que la conciencia está siendo {esta obra de Sartre es de 1944, la conferencia que estamos estudiando es de 1933}. También podemos comparar con el pensamiento de Buber (Yo y Tu, publicado en 1923), y decir que el sentimiento que soy es muy cercano al reino del YoTu primordial, y que el sentimiento que tengo es también cercano al reino del YoEso.

Recordemos que la angustia existencial es un miedo sin otro asidero, identificación, que la libertad de mis posibles y la ausencia de mi definición, el infinito y la nada, lo inevitable del tener que escoger ¿es entonces asible? ¿cual es el objeto? El objeto es el proyecto, pero es un objeto en creación. Esta es la forma en la que, personalmente entiendo, lo que Marcel dirá más adelante, dirá que la libertad es una carencia, la necesidad de darse el ser, y como el ser humano requiere de Otro para definirse, esa carencia es una falta de autonomía. En la proyección de uno mismo como un Otro externo, que nos permite ver al Otro como necesitado, amenazante y providente, y en la introyección del Otro como parte de mi, está la oportunidad del encuentro, de darse el ser-con (nosotros), pero, una vez mas, esa oportunidad requiere de una carencia. 

Además el problema emocional suele ser que la conciencia no se limita al presente, se proyecta, luego es incierto porque el hombre no puede saber si se cumplirá su proyecto, y lejos de agotarse ¡esta incertidumbre lo acompañará en cada elección importante que le preceda! <> sentenciará Sartre.

En el fondo, todo se reduce a la distinción entre lo que se tiene y lo que se es… No puedo tener, en el sentido estricto de la palabra, mas que algo que posea una existencia hasta cierto punto independiente de mí… lo que tengo se añade a mí; más aún, el hecho de ser poseída por mí se añade a otras propiedades de la cosa… pertenecientes a la cosa que tengo… <> aquello de que puedo en cierto modo y bajo ciertos límites disponer… dicho de otro modo, <> en cuanto que puedo ser considerado como una potencia, como un ser dotado de poderes.

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“La Tía Tula”, crítica por @Rafael_Narbona

Miguel de Unamuno

Hermosa crítica sobre “La Tía Tula” y breve biografía de Unamuno, que felicidad ver que se sigue escribiendo así sobre él.

“Anatematizado y repudiado por una generación literaria que contempla con indiferencia los problemas metafísicos y existenciales, Miguel de Unamuno sobrevive como ejemplo de intelectual que no discrimina entre vida y pensamiento, pues entiende que las ideas sólo poseen valor cuando se encarnan.”

Lo que mas aterra – (II) Del otro lado

¿Que es lo que mas nos aterroriza? Para Unamuno es la muerte, pero, siguiendo a Kierkegaard, es el gran secreto, todo lo conocido es, por tanto nuestra muerte no es, sí la muerte de otro, nuestra muerte es un secreto. La nada en cambio sí nos es conocida, así sea la nada del olvido, así Unamuno pide por la llegada al infierno, donde considera que su existencia continúa, antes que nada. Unamuno también habla de que el enajenamiento en vida es esta nada en vida.

Miguel de UnamunoMás de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgraciados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia. De mí sé decir, que cuando era un mozo, y aun de niño, no lograron conmoverme las patéticas pinturas que del infierno se me hacían, pues ya desde entonces nada se me aparecía tan horrible como la nada misma. Era una furiosa hambre de ser, un apetito de divinidad como nuestro ascético dijo. {Del Sentimiento Trágico de la Vida – I El hombre de carne y hueso}

La muerte está en el no ser, al menos en el no existir. Julián Marías nos cuenta en su ensayo “Miguel de Unamuno” sobre como Unamuno ve este secreto, principal motor de la existencia.

Julián Marías - ensayo sobre Miguel de Unamuno
Julián Marías – Miguel de Unamuno – Grandes Ensayistas – EMECE Editores S.A. / Buenos Aires – 1953

Hablábamos antes de la… unicidad del pensamiento de Unamuno, de la reiteración constante del mismo tema. ¿Cuál es éste? … En su ensayo titulado “Soledad” publicado allá en 1905. Unamuno contesta a ella taxativamente: “Estoy convencido -dice- de que no hay mas que un solo afán, uno solo y el mismo para todos… la cuestión humana que es la mía y la tuya, y la del otro y la de todos… La cuestión humana es la cuestión de saber que habrá de ser de mi conciencia, de la tuya, de la del otro y de la de todos, después de que cada uno de nosotros muera” Y a esto que también llama “el secreto de la vida humana”, lo caracteriza en otro lugar como “el apetito de divinidad el hambre de dios” {pág. 23; la última cita pertenece a “El secreto de la vida”}

Miguel de Unamuno - Ensayos (dos tomos) - Aguilar (España) 1966
Miguel de Unamuno – Ensayos (dos tomos) – Aguilar (España) 1966

Al comienzo de su libro “Del sentimiento trágico de la vida”… Dice allí: “El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre a quien se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”… “Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos” {Ibid.}

Es inevitable, al menos para mi, recordar la celebre frase inicial de Albert Camus, si bien es de otro color, es inevitable encontrar en el Camus de “El mito de Sísifo” algo que nos habla también de un sentimiento trágico de la vida.

Albert Camus - El mito de Sísifo - Losada, 2006 - ISBN 950-03-9337-9
Albert Camus – El mito de Sísifo – Losada, 2006 – ISBN 950-03-9337-9

No hay mas que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía…. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que deben profundizarse a fin de hacerlas claras al espíritu. {pág. 13}

No puedo no recordar orgulloso (e insignificante) a mi compatriota Jorge Luis Borges, quien pareciera desear trivializar el problema, y a la vez darle toda la atención de su pluma, girando hacia la hipotética tortura de una vida eterna en la que se agota el interés, en la que no hay metas. “¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad” {Borges, Biografía Verbal (1988) por Roberto Alifano, p. 23.}.  “Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal” {Borges, El inmortal}. “La inmortalidad está en la memoria de los otros y en la obra que dejamos (…) Más allá de nuestra muerte corporal queda nuestra memoria.” {Borges, La inmortalidad, pág. 172} Si la filosofía nace del asombro, en la inmortalidad pareciera agotarse, el hombre escribe, crea, porque sufre, porque muere.{citas extraídas de este blog.}

Miguel de Unamuno – Teatro completo – (II) La esfinge

Miguel de Unamuno Teatro Completo 1959 Aguilar ediciones
Miguel de Unamuno
Teatro Completo
1959 Aguilar ediciones

Continuamos con nuestra lectura de “La esfinge”, hablaremos ahora acerca de los personajes.

De Unamuno tenía el hábito de nombrar a sus personajes con nombres significativos respecto al rol que en la obra juegan, e incluso en su biografía. En la página 202 de Unamuno presenta sus personajes, comentaremos algunos de ellos.

“ÁNGEL, jefe revolucionario”, sintetiza de Unamuno,  es el personaje central, y podríamos decir que es <<el mensajero>>, quien habla en nombre del absoluto. La trama se centra a tal grado en él que la obra puede incluso interpretarse como únicamente compuesta por diálogos internos, como la lucha de un único yo entre su héroe y su sombra, imagen y reflejo.

“EUFEMIA, su mujer”, palabra de origen griego, eufemia es traducible aquí como “el bien hablar”. Puede verse a este personaje como a la voz del yo que clama por gloria, el ser admirado por otros y por tanto dedicar la existencia a ellos. Como mujer, busca la gloria como sustituto del sentido de la vida ausente para una mujer sin hijos en el siglo XIX.

“FELIPE”, de Unamuno llama a este personaje como al apóstol Felipe, puede vérsele como al amigo mas personal de Ángel, o como a la voz de la conciencia íntima de Ángel, su niño íntimo, quien a diferencia de Eufemia, pide a Ángel que busque la paz de la soledad, del retiro espiritual, para volver a amarse a sí mismo como principal paso en el camino de la vida, como condición necesaria de toda construcción auténtica con los otros.

“EUSEBIO”, la palabra eusebio es traducible aquí como “el bien actuar (obrar o hacer)”, es decir, “el piadoso”. Arenga a Ángel en su compromiso de líder político. Eusebio es también doctor, en varios pasajes se alude o da la impresión de que es un médico alienista (psiquiatra) que tiene a Ángel, además, por paciente.

“La Tía Ramona”, este personaje encarna el sentido común, lo que Sartre llamaría “lo que han hecho de nosotros”.

“Joaquín”, personaje cuyo nombre es el mismo del abuelo de Jesús de Nazaret. “José”. “Teodoro”. “Nicolás”, el mensajero. “Martina”, una de las hijas de Unamuno fue llamada Martina.

“La Esfinge” tiene lugar en una casa acomodada de la España de finales del siglo XIX.

El primer acto y escena comienza con Joaquín, Eusebio y Pepe adulando a Ángel por su oratoria, comparándolo con lo que se nos cuenta de los grandes oradores como Demóstenes, Cicerón, Mirabeau. Aquí las amistades aceptan, aprecian a Ángel mientras él se deje manipular, mientras sea para-otros lo que los otros aceptan y necesitan. Ángel por este camino descuidará su para-si, mientras que su en-sí, formado de acto (e historicidad) y posibilidad, le mostrará las alternativas de ser otro que el que se le reclama.

Los aduladores, manipuladores, le dirán que su discurso tuvo incluso aspectos religiosos, de sermón parroquiano, y lo festejan “…Trascendía a sermón, lo cual ayudó al efecto dando algo religioso al acto. El público está acostumbrado a los sermones… ¿Es que una revolución como la que preparamos no es acaso, un sagrado sacrificio?”. Aquí Unamuno trae al lector lo cotidiano del político, o militante que toma las ideas como absoluto, y al ser estas indiscutibles, son prácticamente religión, divinas palabras.

Unamuno ambivalente, dialéctico, luego de la protesta contra el fanatismo político, reconoce algo espiritual en toda obra humana.

Nicolás — No; una revolución es una revolución, una ley natural, lo mas humano que cabe.

Joaquín — Y de puro humano, divino…

Lo que no se tiene para uno, es imposible darlo a otros, la riqueza debe empezar por el propio espíritu. Sin embargo Eufemia solo se concentra en la gloria.

Eufemia — La verdad es que ese pobre pueblo merece cualquier sacrificio.

Ángel — ¡Ah! ¿Conque tú crees que debo sacrificarme por el pobre pueblo?

Pepe — ¿Y que duda cabe?

Ángel — Es verdad; hay que servirle. ¡Pobre pueblo! No sabe lo que quiere, pero algo quiere, mientras que nosotros sabemos lo que queremos, pero no querer. ¡Libertad, libertad! ¡Santa palabra! Pero libertad efectiva, real. Cuando la herida se cicatriza cae la costra que la protegió en un tiempo; así ha de caer toda autoridad humana. Hay que disolver las formas muertas; hay que romper la costra en que se tiene encerrado al pueblo, y que irrumpa y se derrame su contenido. Fío  en él. Es muy grande el instinto de las muchedumbres cuando no se le bastardea con imposiciones de afuera. {pág. 206}

Ángel reclama para el pueblo lo que él mismo  no sabe conseguir para sí, es imposible dar lo que no se tiene, “de la nada <<la ausencia>> nada sale”.

La herida del pueblo es su necesidad de ser conducido. El hombre político que no acepta el poder, el politólogo, es la figura de la costra que cae. También lo es el pueblo revolucionario que destrona a sus líderes, antes encumbrados, reclamando no tener aquello por lo que entregó el poder, Unamumo se fía de esta capacidad del pueblo. Esto es también una figura muy platónica, el pueblo está cegado dentro de la caverna y el politólogo les habla de la luz afuera. Por supuesto, también es el posterior “fanatismo” del que habló Marcel que se reivindica en el “grupo en fusión” sartriano.

A partir de ese momento, algo está dado que no es ni el grupo ni la serie, sino lo que llamó Malraux… el Apocalipsis, es decir, la disolución de la serie en el grupo en fusión. Y este grupo, aún no estructurado… totalmente amorfo, se caracteriza como lo contrario inmediato… en la relación serial… la unidad como Razón de la serie está siempre en otro lugar; en el Apocalipsis aunque la serialidad, se mantenga por lo menos como proceso en vías de liquidación -y aunque siempre pueda reaparecer-, la unidad sintética siempre está aquí… El barrio de Saint-Antoine siempre había vivido a la sombra de la Bastilla: ese castillo negro amenaza, no tanto como prisión, sino con sus cañones; es el símbolo de la fuerza represiva, como límite de un barrio miserable e inquieto… las posibilidades de autodeterminación en grupo le llegan al colectivo de las relaciones antagónicas que mantiene con un grupo ya constituido o una persona como representante de ese grupo.

{Extractos de la obra “Crítica de la razón dialéctica”, Libro II, “del grupo a la historia”, Jean Paul Sartre}.