Sartre – Situaciones VIII – (I) Alrededor del 68

Sartre nos lega sus escritos destinados al “tribunal Russell” en los años de la guerra de Vietnam. Inicia con un título desalentador, en el desaliento téngase en mente por favor, sus escritos de anciano, la vida de un hombre no debe juzgarse por un momento aislado, todo escrito, mas aun sartreano o existencial, debe considerarse en su debido contexto, y teniendo en mente su fin, para luego ir por la totalidad del inmortal genio humano, del ser eterno, inasible e inanalizable, sí, pero de otro modo, falso.

I – Vietnam: El tribunal Russell. “Ya no hay diálogo posible”.

Jean Paul Sartre. Situaciones VIII - Alrededor del 68. Editorial Losada, 1973
Jean Paul Sartre. Situaciones VIII
Alrededor del 68.
Editorial Losada, 1973

Sartre sufrió como nosotros la falacia de las guerras pacificadoras. Las sufrió como intelectual compro-metido y desmedido, admirable. Tras una serie de medidas bélicas para con Vietnam del Norte, Sartre escribe:

(…) Se hace siempre la guerra para finalizar en la paz, ciertamente. En una paz. La que se elige. En una negociación. La que se quiere imponer … el problema es saber si se busca un reglamento que se supone aceptable por el adversario, o si se quiere destruir a ese adversario para que sus sucesores acepten un reglamento que sea una capitulación. El gobierno de Washington declara: esperamos un signo de buena voluntad de Vietnam del Norte. Es necesario traducir: Esperamos que el Vietnam del Norte se confiese vencido, nos suplique que detengamos los bombardeos, y prometa no ayudar mas al Vietcong. Esto quiere decir claramente que los norteamericanos están a favor de la extensión de la guerra. {pág 9}

Sartre dijo a sus compatriotas, que no eran ni víctimas ni verdugos, pero decididamente cómplices de los horrores de las colonias africano-francesas. Recordémoslo:

Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los “continentes nuevos” para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre, entre nosotros, quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial. {Sartre, prólogo a “Los condenados de la tierra” (publicado en 1961)}

Con la nación norteamericana, Sartre tampoco tiene reparos.

…Los bombardeos del Norte han dado a la guerra que los norteamericanos hacen allá un nuevo rostro. Representan un salto cualitativo irreversible en la medida en que ponen brutalmente en evidencia, el hecho de que las estructuras de la sociedad norteamericana reposan sobre el imperialismo.(…)

…no hay discusión posible si no se acepta… poner en cuestión el conjunto de la política imperialista norteamericana, no solamente en el Vietnam sino también en América del Sur, Corea, en todo el tercer mundo, y si no se admite que esa política no podrá cambiar sino con el trastocamiento completo de las estructuras de la sociedad americana. {pág. 11}

El Otro le pide a Sartre que vaya a EEUU y sea portavoz de “los condenados de la tierra”, pero él, en este momento de su vida, descree del diálogo con ellos (debido a la manipulación mediática).

– ¿A quien hubiera hablado? Hubiera dado cinco conferencias en una universidad, ante un público de estudiantes y profesores. No habría existido verdadero diálogo, puesto que ellos hubieran estado,en principio, de acuerdo conmigo… Ciertos diarios habría publicado extractos de mis conferencias… Eso no produciría ni una arruga en la superficie de la vida política norteamericana. {pág 12}

Más aun, Sartre no quiere darles la oportunidad de tergiversar, él hubiera ido a criticarlos sin piedad, pero supone que los medios lo hubieran manipulado a sus fines.

En revancha se podría decir que Sartre… ha venido a discutir serenamente, en los Estados Unidos,  entre personas que se respetan… Eso es lo que no quiero.{pág 12}

Sartre habla de la débil izquierda norteamericana y hace una comparación con lo que vive en su propia patria.

…La verdad es que no puedo ayudarla [a la izquierda] en absoluto. Porque su peso político… es nulo. No es ella quien impondrá las negociaciones. No más que la izquierda francesa, que siendo mucho más fuerte no obtuvo por sus presiones la negociaciones en Argelia… Nosotros hemos hecho a menudo manifestaciones callejeras. Era nuestro papel porque eramos franceses. Eso sirvió para mostrar a los argelinos que, con todo, existía una minoría francesa que reconocía la guerra como inicua. {pág. 12}

Léase bien, Sartre no descree de las protestas, sino que reconoce que la izquierda francesa no ganó poder político, los poderosos siguen siendo los mismos a pesar de ceder en parte a las protestas. En lo personal, mi héroe de la libertad del sujeto, escribe algo que debe haberle dolido muchísimo.

Objetivamente, nuestra posición no ha servido de nada.

Y entonces Sartre gira a ver al norteamericano comprometido, se identifica.

En Estados Unidos…hay una oposición…cada vez más activa. En cierto modo lo que ella hace en la lucha contra el racismo demanda mucha más fuerza y coraje que lo que la guerra en Argelia demandaba a los franceses… Ir al sur para participar en una marcha de los negros, es arriesgarse al linchamiento y a la muerte… Sin embargo, hay cada vez más blancos dispuestos a correr ese riesgo. Ponen en eso una valentía sorprendente {pág. 13}

Al respecto véase, por ejemplo: El informe Kliksberg – Martin Luther King

Cuando el otro es cosa, no hay simpatía (sufrir juntos) con él, ni siquiera es él, es eso, debe haber un sacrificio, un holocausto, un escándalo que despierte al hombre de la cosificación.

…obligan a los norteamericanos a tomar conciencia de la opresión racista que existe en su propio país. Centenares de negros han sido muertos en el Sur. Cosa que nunca ha hecho mucho ruido. Pero que una joven blanca, que un pastor blanco sean asesinados, es otra cosa. Recuerden ustedes que la gente ha sido muy sensible en Francia, al testimonio de Henri Alleg, porque era el primer francés del cual sabíamos con certeza que había sido torturado. La gente había terminado por aceptar que un musulmán lo fuera, pero eso lo afectó de alguna manera. {pág 13}

Así, la manipulación de la opinión pública y la distancia con el sufrimiento del otro, forjan una ética, una cultura de la cosificación, el otro no tiene derechos si los que ejercen el poder ven esos derechos como un riesgo para sus fines.

Al poder, la hipocresía del discurso opuesto también le viene bien cuando a sus fines contribuye, en esos momentos las cosas se vuelven personas, los líderes se reconocen como fascistas, se desconocen antiguos aliados. Esto está por todas partes en la historia, y en alrededor del 68 a Sartre no se le escapó.