La mirada del otro en Hermann Hesse

El lobo estepario – Hermann Hesse – 9789686378016

“El lobo estepario” de Hermann Hesse publicado en 1927 desde sus primeras páginas nos saluda como lo hacen las novelas existenciales. Uno de sus signos es la primacía de la mirada en personajes parcos pero profundos.

…recuerdo una expresión en ese sentido, que ni siquiera llegó a pronunciar, pues consistió simplemente en una mirada… una mirada instantánea… crítica de aquellas palabras… inolvidable y terrible… {pág 11}

La mirada es la evidencia física de la conciencia del otro obrando sobre uno o sobre un tercero, siempre arrojándonos hacia nuevos posibles, el conflicto, la alianza o la sumisión, esto es, la dialéctica del tercer otro que posteriormente nos enseña Sartre.

La mirada era mucho mas triste que irónica, insondable y amargamente triste; su contenido era una desesperanza callada, en cierto modo irremediable y definitiva, y en cierto modo convertida ya en forma y en hábito. {Ibid.}

La mirada acusa al relator de ser otro que le defrauda, de formar parte de lo que el sujeto, quien mira y juzga, rechaza. Triste, es una mirada triste, su juicio y perseverancia en su camino auténtico le deja solo. Y es que está condenado a ser fiel a su juicio, a cumplir el deber ser que escoge. Pero el sujeto no por ello emite sonido alguno, desesperanzado no se comunica, cosifica al otro en una categoría, lo encasilla en un adjetivo. El combate comienza, la persona objetivada, cosificada ¿lo dejará así?

 

 

Marcel – Ser y tener – La libertad como carencia (II)

Ser y tener. Gabriel Marcel
Ser y tener. Gabriel Marcel
9-788487-943317

Continuamos con nuestro estudio de esta obra.

 Al platonismo de la idea como lo que supera a quien la encarna, Agustín y Marcel agregan la carga afectiva, a las abstracciones Marcel añadirá la emoción para llegar a una filosofía concreta, y en lo que respecta al tener se trata del ¿por qué quiero eso?

 Para asimilar una cosa, tiene que haber una cosa independiente de mí, así, si deseo que una amenaza X sea una oportunidad de alcanzar una mejora Y.

– el cambio que deseo existe en mi y es la “mejora Y”.

– el objeto de mi deseo existe independiente de mí y es la “amenaza X”.

 La idea del cambio la tengo en mí, de otro modo no podría proyectarla. Por tanto, tener el deseo de que se cumpla el cambio, es ser el deseo del cambio que quiero, mi conciencia es conciencia-de-deseo de ese cambio.

 La conciencia-angustia es toda intuición y nos revela las posibilidades que tenemos como caminos para recorrer en nuestro proyecto, nuestra vida. La sentencia existencialista es clara: somos angustia; preguntarse ¿que soy? ¿que puedo ser? ¿por qué soy y que debo ser? es el dasein heideggeriano, el existir.

 La conciencia-proyectante es nuestro deseo de pasar de una potencia a un acto, de darnos un nuevo en-sí, introyectar la cosa que deseo para mí me permite proyectarme dotado por las capacidades sobre la cosa, alcanzo la idea de mi futuro yo y me doy cita con él.

 La conciencia-poseedora posee una cosa en cierto grado independiente de sí y reconoce, actúa, uno de los posibles que adquirió con dicha cosa, así hacemos de nosotros un ser con poderes. Concedamos a Freud el acierto de su frase: “el hombre es un dios con prótesis”.

 Como de la nada nada sale, no podemos reflejar, expresar, lo que no tenemos, en cambio lo que poseo sí puedo elegir ignorarlo o bien hacerlo para mí y reflejarlo.  Reflejar, pasar una de mis potencias a acto, cambiará mi situación y en esta volveré a estar arrojado a mis posibles, cambiar mis circunstancias mediante mis actos, no cambiará mi condena a elegir, angustia-de-elegir es lo que soy y seré.

Ser y tener cuerpo

 ¿Poseemos nuestro cuerpo? ¿es acaso una cosa? ¿que soy yo si trato a mi cuerpo como cosa? Uno es su cuerpo, cosificar nuestro cuerpo es un acto de mala fe, en el suicidio pareciera afirmarse “mi cuerpo es un objeto, yo no soy nada” {Ibid. pag. 144}. Hegel dice: “yo soy el acto que afirma mi cuerpo”, la idea que tengo de mi cuerpo.

 Esta conceptualización del cuerpo está en Hegel antes que en Marcel, y en Marcel antes que en Sartre.  La posibilidad del suicidio nos rebela el misterio de la relación de posesión que uno tiene consigo mismo, uno es y posee su cuerpo. Quien se niega a matarse, se niega ese modo de ejercer la posesión de su cuerpo, su relación entre lo que es en-sí y lo que es para-sí difiere de la del suicida. En cierto modo, quien escoge la vida deja de pertenecerse, no se cosifica al punto de mandarse a la nada, de terminar con su cuerpo para nihilizar su proyecto.

…cuando digo: tengo un cuerpo, no quiero solamente decir: tengo conciencia de mi cuerpo; pero tampoco: hay algo que puede llamarse mi cuerpo. Parece que hay un término medio, un tercer reino. {ibid. pág. 146}

El cuerpo de otro y el nuestro, el aborto

Por lo mismo, quien aborta, cosifica a otro y lo manda a la nada, le niega todas sus posibilidades, en este punto, Marcel (véase), Buber, incluso en cierto modo Sartre (“La edad de la razón”, “San Genet”), difieren con de Beauvoir:

“El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido.

(…) El aborto terapéutico exige una “buena” razón para obtener el “permiso” de abortar. Esto significa que debemos merecer el derecho de no tener niños. Al igual que antes seguimos siendo desposeídas de nuestro derecho a dar la vida o no. Obligar a una mujer a ser madre seguiría siendo un principio legítimo. Establecer algunas excepciones a esta regla no haría más que reforzar esta legislación. Esta nueva ley, por muy liberal que está sea, continuaría ocupándose de nuestro cuerpo. Ahora bien, el uso de nuestro cuerpo no debe ser reglamentado en absoluto. Nunca aceptaremos excepciones; restos de lo que los otros seres humanos disfrutan desde su nacimiento: la libertad de hacer uso de su cuerpo a su antojo.”

Simone de Beauvoir – Manifiesto de las 343; 1971.

“Me gustaría hacerles compartir una convicción de las mujeres. Pido disculpas por hacerlo ante una asamblea formada exclusivamente por hombres: Para ninguna mujer abortar es una cosa placentera”.

Simone Veil – Debate sobre la ley de interrupción del embarazo; 1974.

 A riesgo de poder acusarseme de trivializar esta lucha, recordando la tristísima voz popular: ninguna mujer nace puta, entonces: ninguna persona nace abortista (llega a serlo por la situación que vive). Si al abortar se niegan las posibilidades del no-nato, y si acostumbramos decir que la cosificación es una dialéctica, el infierno del Otro sartriano, el reino del YoEso de Buber, el obrar humano contra lo humano de Marcel, se puede afirmar que la mujer cosificada cosificará, como lo hace todo ser humano, agredida en su vida, actuará contra la vida (incluso arriesgando la propia). Solo un superhombre, o una supermujer, podrá en todo momento ofrecer la otra mejilla.

 Mas allá de las, aparentemente, irresolubles diferencias, están los infinitos, aunque efímeros, encuentros: “You may say, I’m a dreamer, but I’m not the only one”.

Marcel – Ser y tener – La libertad como carencia (I)

Ser y tener. Gabriel Marcel
Ser y tener. Gabriel Marcel
9-788487-943317

Muchas personas entendemos la libertad como una independencia, una autonomía, Marcel, un filósofo poeta, nos contará otra forma de entender la libertad.

En la pag. 143 de esta edición de “Ser y tener”, Marcel comparte su “Esbozo de una fenomenología del tener” – le precede su “Diario metafísico” (1928-1933). Advierte desde el inicio que no desea desarrollar sus ideas con rigurosidad metodológica. Incluso afirma que el desarrollo de su pensar puede ser inviable, no se trata entonces de desarrollar comprobaciones lógicas, su filosofía será directa. El método tiene lugar para guiarse uno mismo mediante comprobaciones en cada paso, y para educar y justificarse, pero cuando se desea saber o encontrar, se debe primero preguntar, reafirma aquí su pensamiento como un (neo)socratismo, y también se muestra agustiniano, la verdad se intuye, se reconoce por introspección, no mediante metodologías o técnicas, estas permiten desarrollar lo que uno en cierto modo ya sabe (o cree saber).

…germen de una filosofía que en gran parte me limito a presentir y que, si resultara viable, otros se encargarían probablemente de desarrollar… Puede ser también que algunos de los caminos cuyo trazado quisiera esbozar terminen en un callejón sin salida. {pág. 143}

Así como Heidegger retoma la pregunta por el ser, Marcel se preguntará sobre el tener (los usos del francés “avoir” son variados: tener, haber, conseguir, entre muchos otros). La primer pregunta es sobre una emoción ¿como la intuición, la conciencia, reconoce una emoción la primera vez que se presenta?

¿Como es posible, me preguntaba, reconocer un sentimiento que se experimenta por vez primera? … Yo constataba que esta identificación es tanto mas realizable cuanto mas asimilable sea el sentimiento a algo que tengo, como cuando digo que tengo un resfriado o el sarampión; se deja entonces cercar, definir, intelectualizar.

¿Es la primera emoción el sentir la existencia? Con la subjetividad naciente (pero no nacida), se logra la condición de posibilidad de la vida humana (Heidegger, Sartre). El sentimiento es más asimilable a algo que tengo, el recién nacido entonces llora porque no tiene mundo, desconoce lo que siente. El miedo es discernible porque es la emoción primaria (angustia, nada, muerte).

Odio y amor, injusticia y justicia, son mas complejos, sin embargo racionalizables. “…el amor puede revestir formas desconcertantes, que impiden a aquel que las experimenta el sospechar su verdadera naturaleza” {ibíd.} Hay en el objeto de la emoción, una relación afectiva que trae consigo el miedo porque la trama afectiva es irracional.

…cuanto menos localizable sea este sentimiento… menos podré reconocerlo. Pero ¿no existe precisamente, por oposición a estos sentimientos que tengo, una especie de trama afectiva que es de tal manera consustancial con lo que soy…? Así es como llegué a entrever, si no una distinción neta , por lo menos una especie de gama de matices, una degradación insensible entre un sentimiento que tengo y un sentimiento que soy. {pág. 144}

Contemporáneos, Marcel y Sartre se influyeron mutuamente, Sartre afirma en “El ser y la Nada” que la conciencia se afecta del sentimiento y que, en situación, el sentimiento es el modo en que la conciencia está siendo {esta obra de Sartre es de 1944, la conferencia que estamos estudiando es de 1933}. También podemos comparar con el pensamiento de Buber (Yo y Tu, publicado en 1923), y decir que el sentimiento que soy es muy cercano al reino del YoTu primordial, y que el sentimiento que tengo es también cercano al reino del YoEso.

Recordemos que la angustia existencial es un miedo sin otro asidero, identificación, que la libertad de mis posibles y la ausencia de mi definición, el infinito y la nada, lo inevitable del tener que escoger ¿es entonces asible? ¿cual es el objeto? El objeto es el proyecto, pero es un objeto en creación. Esta es la forma en la que, personalmente entiendo, lo que Marcel dirá más adelante, dirá que la libertad es una carencia, la necesidad de darse el ser, y como el ser humano requiere de Otro para definirse, esa carencia es una falta de autonomía. En la proyección de uno mismo como un Otro externo, que nos permite ver al Otro como necesitado, amenazante y providente, y en la introyección del Otro como parte de mi, está la oportunidad del encuentro, de darse el ser-con (nosotros), pero, una vez mas, esa oportunidad requiere de una carencia. 

Además el problema emocional suele ser que la conciencia no se limita al presente, se proyecta, luego es incierto porque el hombre no puede saber si se cumplirá su proyecto, y lejos de agotarse ¡esta incertidumbre lo acompañará en cada elección importante que le preceda! <> sentenciará Sartre.

En el fondo, todo se reduce a la distinción entre lo que se tiene y lo que se es… No puedo tener, en el sentido estricto de la palabra, mas que algo que posea una existencia hasta cierto punto independiente de mí… lo que tengo se añade a mí; más aún, el hecho de ser poseída por mí se añade a otras propiedades de la cosa… pertenecientes a la cosa que tengo… <> aquello de que puedo en cierto modo y bajo ciertos límites disponer… dicho de otro modo, <> en cuanto que puedo ser considerado como una potencia, como un ser dotado de poderes.

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Miguel de Unamuno – Teatro completo – (II) La esfinge

Miguel de Unamuno Teatro Completo 1959 Aguilar ediciones
Miguel de Unamuno
Teatro Completo
1959 Aguilar ediciones

Continuamos con nuestra lectura de “La esfinge”, hablaremos ahora acerca de los personajes.

De Unamuno tenía el hábito de nombrar a sus personajes con nombres significativos respecto al rol que en la obra juegan, e incluso en su biografía. En la página 202 de Unamuno presenta sus personajes, comentaremos algunos de ellos.

“ÁNGEL, jefe revolucionario”, sintetiza de Unamuno,  es el personaje central, y podríamos decir que es <<el mensajero>>, quien habla en nombre del absoluto. La trama se centra a tal grado en él que la obra puede incluso interpretarse como únicamente compuesta por diálogos internos, como la lucha de un único yo entre su héroe y su sombra, imagen y reflejo.

“EUFEMIA, su mujer”, palabra de origen griego, eufemia es traducible aquí como “el bien hablar”. Puede verse a este personaje como a la voz del yo que clama por gloria, el ser admirado por otros y por tanto dedicar la existencia a ellos. Como mujer, busca la gloria como sustituto del sentido de la vida ausente para una mujer sin hijos en el siglo XIX.

“FELIPE”, de Unamuno llama a este personaje como al apóstol Felipe, puede vérsele como al amigo mas personal de Ángel, o como a la voz de la conciencia íntima de Ángel, su niño íntimo, quien a diferencia de Eufemia, pide a Ángel que busque la paz de la soledad, del retiro espiritual, para volver a amarse a sí mismo como principal paso en el camino de la vida, como condición necesaria de toda construcción auténtica con los otros.

“EUSEBIO”, la palabra eusebio es traducible aquí como “el bien actuar (obrar o hacer)”, es decir, “el piadoso”. Arenga a Ángel en su compromiso de líder político. Eusebio es también doctor, en varios pasajes se alude o da la impresión de que es un médico alienista (psiquiatra) que tiene a Ángel, además, por paciente.

“La Tía Ramona”, este personaje encarna el sentido común, lo que Sartre llamaría “lo que han hecho de nosotros”.

“Joaquín”, personaje cuyo nombre es el mismo del abuelo de Jesús de Nazaret. “José”. “Teodoro”. “Nicolás”, el mensajero. “Martina”, una de las hijas de Unamuno fue llamada Martina.

“La Esfinge” tiene lugar en una casa acomodada de la España de finales del siglo XIX.

El primer acto y escena comienza con Joaquín, Eusebio y Pepe adulando a Ángel por su oratoria, comparándolo con lo que se nos cuenta de los grandes oradores como Demóstenes, Cicerón, Mirabeau. Aquí las amistades aceptan, aprecian a Ángel mientras él se deje manipular, mientras sea para-otros lo que los otros aceptan y necesitan. Ángel por este camino descuidará su para-si, mientras que su en-sí, formado de acto (e historicidad) y posibilidad, le mostrará las alternativas de ser otro que el que se le reclama.

Los aduladores, manipuladores, le dirán que su discurso tuvo incluso aspectos religiosos, de sermón parroquiano, y lo festejan “…Trascendía a sermón, lo cual ayudó al efecto dando algo religioso al acto. El público está acostumbrado a los sermones… ¿Es que una revolución como la que preparamos no es acaso, un sagrado sacrificio?”. Aquí Unamuno trae al lector lo cotidiano del político, o militante que toma las ideas como absoluto, y al ser estas indiscutibles, son prácticamente religión, divinas palabras.

Unamuno ambivalente, dialéctico, luego de la protesta contra el fanatismo político, reconoce algo espiritual en toda obra humana.

Nicolás — No; una revolución es una revolución, una ley natural, lo mas humano que cabe.

Joaquín — Y de puro humano, divino…

Lo que no se tiene para uno, es imposible darlo a otros, la riqueza debe empezar por el propio espíritu. Sin embargo Eufemia solo se concentra en la gloria.

Eufemia — La verdad es que ese pobre pueblo merece cualquier sacrificio.

Ángel — ¡Ah! ¿Conque tú crees que debo sacrificarme por el pobre pueblo?

Pepe — ¿Y que duda cabe?

Ángel — Es verdad; hay que servirle. ¡Pobre pueblo! No sabe lo que quiere, pero algo quiere, mientras que nosotros sabemos lo que queremos, pero no querer. ¡Libertad, libertad! ¡Santa palabra! Pero libertad efectiva, real. Cuando la herida se cicatriza cae la costra que la protegió en un tiempo; así ha de caer toda autoridad humana. Hay que disolver las formas muertas; hay que romper la costra en que se tiene encerrado al pueblo, y que irrumpa y se derrame su contenido. Fío  en él. Es muy grande el instinto de las muchedumbres cuando no se le bastardea con imposiciones de afuera. {pág. 206}

Ángel reclama para el pueblo lo que él mismo  no sabe conseguir para sí, es imposible dar lo que no se tiene, “de la nada <<la ausencia>> nada sale”.

La herida del pueblo es su necesidad de ser conducido. El hombre político que no acepta el poder, el politólogo, es la figura de la costra que cae. También lo es el pueblo revolucionario que destrona a sus líderes, antes encumbrados, reclamando no tener aquello por lo que entregó el poder, Unamumo se fía de esta capacidad del pueblo. Esto es también una figura muy platónica, el pueblo está cegado dentro de la caverna y el politólogo les habla de la luz afuera. Por supuesto, también es el posterior “fanatismo” del que habló Marcel que se reivindica en el “grupo en fusión” sartriano.

A partir de ese momento, algo está dado que no es ni el grupo ni la serie, sino lo que llamó Malraux… el Apocalipsis, es decir, la disolución de la serie en el grupo en fusión. Y este grupo, aún no estructurado… totalmente amorfo, se caracteriza como lo contrario inmediato… en la relación serial… la unidad como Razón de la serie está siempre en otro lugar; en el Apocalipsis aunque la serialidad, se mantenga por lo menos como proceso en vías de liquidación -y aunque siempre pueda reaparecer-, la unidad sintética siempre está aquí… El barrio de Saint-Antoine siempre había vivido a la sombra de la Bastilla: ese castillo negro amenaza, no tanto como prisión, sino con sus cañones; es el símbolo de la fuerza represiva, como límite de un barrio miserable e inquieto… las posibilidades de autodeterminación en grupo le llegan al colectivo de las relaciones antagónicas que mantiene con un grupo ya constituido o una persona como representante de ese grupo.

{Extractos de la obra “Crítica de la razón dialéctica”, Libro II, “del grupo a la historia”, Jean Paul Sartre}.

Sartre – Situaciones VIII – (I) Alrededor del 68

Sartre nos lega sus escritos destinados al “tribunal Russell” en los años de la guerra de Vietnam. Inicia con un título desalentador, en el desaliento téngase en mente por favor, sus escritos de anciano, la vida de un hombre no debe juzgarse por un momento aislado, todo escrito, mas aun sartreano o existencial, debe considerarse en su debido contexto, y teniendo en mente su fin, para luego ir por la totalidad del inmortal genio humano, del ser eterno, inasible e inanalizable, sí, pero de otro modo, falso.

I – Vietnam: El tribunal Russell. “Ya no hay diálogo posible”.

Jean Paul Sartre. Situaciones VIII - Alrededor del 68. Editorial Losada, 1973
Jean Paul Sartre. Situaciones VIII
Alrededor del 68.
Editorial Losada, 1973

Sartre sufrió como nosotros la falacia de las guerras pacificadoras. Las sufrió como intelectual compro-metido y desmedido, admirable. Tras una serie de medidas bélicas para con Vietnam del Norte, Sartre escribe:

(…) Se hace siempre la guerra para finalizar en la paz, ciertamente. En una paz. La que se elige. En una negociación. La que se quiere imponer … el problema es saber si se busca un reglamento que se supone aceptable por el adversario, o si se quiere destruir a ese adversario para que sus sucesores acepten un reglamento que sea una capitulación. El gobierno de Washington declara: esperamos un signo de buena voluntad de Vietnam del Norte. Es necesario traducir: Esperamos que el Vietnam del Norte se confiese vencido, nos suplique que detengamos los bombardeos, y prometa no ayudar mas al Vietcong. Esto quiere decir claramente que los norteamericanos están a favor de la extensión de la guerra. {pág 9}

Sartre dijo a sus compatriotas, que no eran ni víctimas ni verdugos, pero decididamente cómplices de los horrores de las colonias africano-francesas. Recordémoslo:

Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los “continentes nuevos” para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre, entre nosotros, quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial. {Sartre, prólogo a “Los condenados de la tierra” (publicado en 1961)}

Con la nación norteamericana, Sartre tampoco tiene reparos.

…Los bombardeos del Norte han dado a la guerra que los norteamericanos hacen allá un nuevo rostro. Representan un salto cualitativo irreversible en la medida en que ponen brutalmente en evidencia, el hecho de que las estructuras de la sociedad norteamericana reposan sobre el imperialismo.(…)

…no hay discusión posible si no se acepta… poner en cuestión el conjunto de la política imperialista norteamericana, no solamente en el Vietnam sino también en América del Sur, Corea, en todo el tercer mundo, y si no se admite que esa política no podrá cambiar sino con el trastocamiento completo de las estructuras de la sociedad americana. {pág. 11}

El Otro le pide a Sartre que vaya a EEUU y sea portavoz de “los condenados de la tierra”, pero él, en este momento de su vida, descree del diálogo con ellos (debido a la manipulación mediática).

– ¿A quien hubiera hablado? Hubiera dado cinco conferencias en una universidad, ante un público de estudiantes y profesores. No habría existido verdadero diálogo, puesto que ellos hubieran estado,en principio, de acuerdo conmigo… Ciertos diarios habría publicado extractos de mis conferencias… Eso no produciría ni una arruga en la superficie de la vida política norteamericana. {pág 12}

Más aun, Sartre no quiere darles la oportunidad de tergiversar, él hubiera ido a criticarlos sin piedad, pero supone que los medios lo hubieran manipulado a sus fines.

En revancha se podría decir que Sartre… ha venido a discutir serenamente, en los Estados Unidos,  entre personas que se respetan… Eso es lo que no quiero.{pág 12}

Sartre habla de la débil izquierda norteamericana y hace una comparación con lo que vive en su propia patria.

…La verdad es que no puedo ayudarla [a la izquierda] en absoluto. Porque su peso político… es nulo. No es ella quien impondrá las negociaciones. No más que la izquierda francesa, que siendo mucho más fuerte no obtuvo por sus presiones la negociaciones en Argelia… Nosotros hemos hecho a menudo manifestaciones callejeras. Era nuestro papel porque eramos franceses. Eso sirvió para mostrar a los argelinos que, con todo, existía una minoría francesa que reconocía la guerra como inicua. {pág. 12}

Léase bien, Sartre no descree de las protestas, sino que reconoce que la izquierda francesa no ganó poder político, los poderosos siguen siendo los mismos a pesar de ceder en parte a las protestas. En lo personal, mi héroe de la libertad del sujeto, escribe algo que debe haberle dolido muchísimo.

Objetivamente, nuestra posición no ha servido de nada.

Y entonces Sartre gira a ver al norteamericano comprometido, se identifica.

En Estados Unidos…hay una oposición…cada vez más activa. En cierto modo lo que ella hace en la lucha contra el racismo demanda mucha más fuerza y coraje que lo que la guerra en Argelia demandaba a los franceses… Ir al sur para participar en una marcha de los negros, es arriesgarse al linchamiento y a la muerte… Sin embargo, hay cada vez más blancos dispuestos a correr ese riesgo. Ponen en eso una valentía sorprendente {pág. 13}

Al respecto véase, por ejemplo: El informe Kliksberg – Martin Luther King

Cuando el otro es cosa, no hay simpatía (sufrir juntos) con él, ni siquiera es él, es eso, debe haber un sacrificio, un holocausto, un escándalo que despierte al hombre de la cosificación.

…obligan a los norteamericanos a tomar conciencia de la opresión racista que existe en su propio país. Centenares de negros han sido muertos en el Sur. Cosa que nunca ha hecho mucho ruido. Pero que una joven blanca, que un pastor blanco sean asesinados, es otra cosa. Recuerden ustedes que la gente ha sido muy sensible en Francia, al testimonio de Henri Alleg, porque era el primer francés del cual sabíamos con certeza que había sido torturado. La gente había terminado por aceptar que un musulmán lo fuera, pero eso lo afectó de alguna manera. {pág 13}

Así, la manipulación de la opinión pública y la distancia con el sufrimiento del otro, forjan una ética, una cultura de la cosificación, el otro no tiene derechos si los que ejercen el poder ven esos derechos como un riesgo para sus fines.

Al poder, la hipocresía del discurso opuesto también le viene bien cuando a sus fines contribuye, en esos momentos las cosas se vuelven personas, los líderes se reconocen como fascistas, se desconocen antiguos aliados. Esto está por todas partes en la historia, y en alrededor del 68 a Sartre no se le escapó.

El existencialismo colectivo

El existencialismo colectivo

Itzel Casillas

“El hombre nace libre, responsable y sin excusas”

Jean Paul Sartre

                A través de este escrito se hablará de la libertad desde un punto de vista existencialista. Así mismo se hará una comparación sobre el existencialismo en la realidad actual y se buscará que el lector comprenda la relación libertad-existencialismo a través de la siguiente aseveración.

El existencialismo expone al ser humano como un ente libre y con posibilidad de realizar actos no predeterminados los cuales impactarán dentro de su actuar personal y el de su entorno.

Para comenzar es necesario definir el término existencialismo. Esta escuela surge en la tercera década del siglo XX, en Alemania y propone que el hombre es un ser “arrojado al mundo” sin un destino, ni actos predeterminados a seguir sino, más bien, como un hombre libre para elegir los acontecimientos que han de sucederle a lo largo de su vida.

Bajo este…

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Sartre – El ser y la nada – La pregunta por el ser

El ser y la nada

El ser y la Nada de Jean-Paul Sartre

Para Heidegger, y luego Sartre, previamente al conocimiento, hay una intuición preontológica. Aquí lo ontico es el ente, y lo ontológico es el sentido del ente. La conciencia llega al conocimiento de manera espontánea, la conciencia intenciona sobre el flujo puro de lo vivido (Husserl), pero intencionar sobre un flujo no es intencionar sobre un objeto.

El ser de los entes no es un ente (Heidegger).

El ser del fenómeno es el ser-en-si (para mi).

El ser de la conciencia es el ser-para-mi.

El cogito (conciencia) prerreflexiva es espontaneidad pura.

En “Ser y tiempo” de Heidegger, la pregunta por el ser  (de mentalidad y respuesta teorética, esto es, dirigida a la teoría y no a la práctica)  define, enmarca el mismo. La pregunta por el ser requiere intuición del ser. Y de esa comprensión brota la pregunta por el sentido del ser. No lo sabemos, lo experimentamos. Pero al preguntar por el ser, implicamos un conocimiento de este, es un conocimiento postulado.

Citemos a un antecedente de estos existencialistas, Agustín de Hipona nos habla así del tiempo.

¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?. (Confesiones, XI, XIV, 17).

Carlos Astrada nos enseña sobre Heidegger y el tiempo del dasein.

El hombre, como bien lo ha visto Heidegger, existe como teorético de la práctica. El mundo de los fenómenos es inferido, no por la consideración teorética, sino por la actividad manual del hombre…. Este hombre, que por una necesidad pragmática existencial, infiere y toma posesión de las cosas de su ámbito inmediato es el homo economicus de Carlos Marx. Éste nos ha dicho en una de sus Tesis sobre Feuerbach (la II), que ‘la cuestión de saber si el pensamiento humano puede llegar a una verdad objetiva no es una cuestión teórica, sino práctica. Es en la práctica donde tiene el hombre que probar la verdad de su pensamiento’.

Heidegger coincide con Marx asimismo en su modo de comprender la historia. Para este último la existencia humana es una existencia primariamente histórica. La historia es, según Marx, una categoría fundamental del ser humano. No otra es, ya en una dimensión estrictamente ontológica y definida, la interpretación de la historia –de la vida histórica- que nos ofrece Heidegger. La historia no es para éste una cosa pasada… El sentido esencial de la existencia humana es su historicidad. Por historicidad debemos entender un sujeto que no es acósmico, sin mundo, sino histórico por participar de la historia, en tanto es un ente que está en el mundo.

Carlos Astrada, ‘Martín Heidegger’, Buenos Aires 1970, pgs. 163-174

El tiempo pertenece a la conciencia reflexiva, reconoce haber estado ahí antes o poder estar ahí mañana.

El ser es indeterminado, por tanto positivo, no está en relación a nada. En lingüística el predicativo oculta y debela al ser. Ente es el verbo participio del verbo ser.

Es, en “el hombre es libre”, revela el ser como acto puto.

Está, en “el hombre está libre”, revela un estado transitorio del ser.

Existir, en “el hombre existe”, revela el ser como existencia.

El no, en “el hombre no es libre”, es un circunstancial que niega el ser, o estar o existir, que es el verdadero núcleo.

Las tres formas del verbo ser, tanto en francés (être) como en alemán (sein),  se escriben con la misma palabra. Esto no es así en español, tampoco en griego, de ahí uno de los principales motores de la pregunta por el ser en la filosofía occidental.

Aquí se revela la influencia de Russell y Wittgenstein en Heidegger, Sartre y tantos otros existencialistas. Ya que es Wittgenstein uno de los principales filósofos del lenguaje, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” sintetizó, y Russell, su maestro, lo es en filosofía analítica. Es relevante para la meta de este blog, que mencionemos que Wittgestein fue lector y deudor declarado de Agustín de Hipona, otra piedra basal de la filosofía de la existencia.

La pregunta por el ser es velada por el existente que la realiza, la comprensión del ser solo es irreflexiva. Los juicios, la conciencia judicativa, las conductas judicativas:

La oración es la forma gramatical del juicio.

La pregunta es analítica, de-constructiva de la intuición.

El hombre trae la destrucción. Para la destrucción debe haber una dirección, una conciencia que actúa y otra conciencia que contempla el antes y el después, se necesita de un ser histórico que capte el ser como una existencia destructible. Luego de mi acto destructivo “eso” va a dejar de ser (de existir). Pero para eso debo negar, nihilizar el resto, y en ese acto le damos la posibilidad de no-ser.

Este es también el origen de las medidas de protección. El hombre se para positiva o negativamente frente a la fragilidad. La guerra es la toma de lo que es para el otro para hacerlo mio, destruyendo lo que es para el otro.

Aquí surge el ser-con sartreano, conocido también como empatía. Que es el observar la destrucción de lo que es-para-otro, e intuir lo que esa destrucción significa para ese otro. Para Sartre y  Camus, matar al otro, negar al otro, es negarse a si mismo, elegir la muerte del otro es un suicidio.

El no-ser es transfenoménico, al igual que el ser, lo que se destruye se convierte en no-ser. La pregunta es un intento de destrucción.

La ausencia, en Sartre, se encuentra en una totalidad del ser donde hay un ser que está en otro lado. Una forma sobre un fondo. Que es forma y que es fondo depende de mi atención, la atención secunda a la intención. La ausencia está dada como debiendo estar en ese ‘marco de referencia’, en ese fondo, donde falla la aparición como debiendo aparecer. Ese ‘debiendo aparecer’ la conciencia lo logra nihilizando las otras porciones del ser, es por este mecanismo que el ser se debela y se oculta. La nihilización del fondo es intuitiva, innata si se prefiere, y hace una totalidad indefinida a todo lo que no es lo ausente, el fondo es resultado de una atención secundaria, posterior a la intención.

“Es Pedro que se destaca como nada sobre el fondo del café”, esto que ejemplifica Sartre, es tan cotidiano que pasa desapercibido. Usted y yo buscamos la cosa X que se nos extravió y me pregunta “¿Cristian está X ahí? No, no hay nada” respondo, una vez mas el lenguaje es el medio por el que se estudia al ser.

Que Pedro no este en el café, hace a su ausencia parte del café y la ausencia de Pedro es la condición de nihilización del café. Este es un ejemplo donde el ser se descubre como la condición de posibilidad de todo lo que es (Sartre coincide con Heidegger, “Ser y tiempo”). Esto es una relación sintética, es una síntesis de nada con nada, de la búsqueda en un fondo que nihilizo, mas se aparece la ausencia de lo que busco luego para mi no hay nada. La ausencia es una doble nihilización.

“Pedro no está” es un juicio positivo, afirma la existencia de una ausencia, el “no” no es una categoría, es una afirmación. Aquí Sartre se distancia de Aristóteles para quien la negación es una categoría, para Sartre la negación es un juicio positivo.

Para Sartre, la ausencia es una circunstancia, las categorías dependen de los accidentes, no de la sustancia. Las categorías aristotélicas tienen ser, Sartre las ve como conciencia-de-ser, todo juicio es positivo.

El no-ser, no es la contradicción del ser, sino su contradictorio. El no-ser viene después del ser, no puede ser un polo dialéctico porque no se dan al mismo tiempo.

Aquí leemos el reflejo de la reflexión sartreana de actos presentes en toda consciencia humana. La comprensión del ser es preontológica e intuitiva. Está presente en cada uno de los proyectos de la realidad humana y es la condición de posibilidad de todo proyecto.

Digresión: La palabra aporía, no solo tiene la connotación despectiva actual, aporía también significa reflexión.

El dasein es también, la nada, la angustia, y el vacío de conciencia. Frente a la nada se produce la angustia, la defensa es nihilizar la nada: “no es nada”. La defensa es darse límites, darse un piso y un techo.

La realidad es sintética, el hombre percibe una síntesis del mundo, la realidad es un infinito de fenómenos que asedian  la conciencia humana.

Para Heidegger toda determinación del mundo, es un trascender del dasein haciéndolo para si. Trasciende la nada de su conciencia (Sartre), su vacío. Solo en la nada puede ser trascendido el ser, este es el modo en que llevamos el mundo a la conciencia.

La realidad humana surge como emergencia del ser en el no-ser.

La angustia es la conciencia de la doble nihilización, la de la conciencia y la del resto de las apariciones que no escogí. La nada rodea al ser y el ser expulsa la nada. Aprehendemos lo que es el mundo. Toda negación se funda en la ausencia de lo que de otro modo afirmaría, la nada es la negación en acto, la nada lleva al ser en su propio meollo.

Las islas del no-ser son la forma negativa en que definimos el ser. El no-ser es la plenitud de lo que no-es, de todo lo que excluyo al definir negativamente. Lo que es incluye a lo que no-es.

Sartre llama a esto negatidades, la “ausencia de Pedro en el café”, no negatividades. Solo el ser puede nihilizarse, la nada posee un ser prestado, la nada es si da, el ser debe ser activo para nihilizar. El ser que trae al mundo la nada, nihiliza la nada en su ser, el ser por el cual la nada viene al mundo es su propia nada.

Lo que percibo es lo que busco o es nada. Con la interrogación el hombre introduce la nada como posibilidad de respuesta.

El ser no puede engendrar sino el ser.