Martin Buber – Yo y Tu – (II) Los mundos de las palabras primordiales.

Martin Buber - Yo y tú
Martin Buber – Yo y tú
ISBN: 978-950-602-024-8
Ediciones Nueva Visión

Continúo comentando esta obra de Martin Buber. En esta ocasión no haré citas explícitas del texto. En la entrada previa hice un comentario sobre como me cuesta aceptar, compartir, las ideas de Buber respecto de que quien cosaliza el mundo, experimenta el mundo pero no incide en él, y en ese comentario recordé a Stalin por dar un ejemplo.

Desde la cosificación extrema de un Stalin o un Bush, a nuestra cosalización cotidiana del “fulano no cambia mas”, típica de la mayoría de nosotros, pone al otro en nuestra presencia trayendoló desde el pasado, yo mismo dejo de tener presente porque le amputo al otro su libertad impidiéndome toda construcción de un nosotros con él, él es esa cosa en mi pasado que afirmo sigue siendo en el “presente”, un presente de objetos, de cosas, de cárceles. Solo tengo presente en tanto que tengo pasado, al cosalizar al otro me cosalizo a mi mismo. Al dirigirme al otro en tanto que cosa, el otro me cosaliza a su vez, si yo soy su juez, él no va a verme sino como eso, como la cosa que hace de él otra cosa.

Las cosas (el Ello, el Eso) están en el tiempo y en el espacio, no el Tu.

No podemos modificar el mundo, Buber coincide con los presocráticos, el ser es eterno e inmutable, los medios técnicos no pueden modificar el mundo. El existente, el hombre, puede tomar una aparición (fenómeno) y jugar con sus posibles, pero no puede modificar al mundo, modifica su visión de los daseins de su cuerpo metafísico, el dasein y el mundo son inmutables porque son (el ser es eterno e inmutable), si Genet o cualquier otra persona se cosaliza porque le cosalizan, escoge hacer de sí lo que han hecho de él, en ese acto no aniquila su libertad, es el sujeto el que decide enajenarse, su libertad, su ser arrojado al mundo es inalcanzable para el cosificante. Stalin, Mao, no modificaron al mundo, cosificaron al otro, modificaron su otro de los sujetos inasibles que le eran contemporáneos.

Lo que se puede modificar es la actitud de uno frente al mundo. Si no hubiera hombre podría haber mundo, pero no existirían todas las distinciones, características que los hombres le atribuyen, estas son del sujeto que cosifica al otro que es el mundo.

La cosificación no modifica al mundo sino a nosotros. Entre los existentes  el cosificante es cosificado porque la relación es dialéctica, la paranoia (de Stalin por ejemplo) da al otro un poder de hacer daño que el paranoico mismo pone en el otro. Cuando paranoicamente le doy al otro el poder de dañarme, le estoy cosificando, luego Stalin asesina a Trostki y a cuarenta millones mas, “el gran cosificador” sentenciará Sartre.

Esta dialéctica no es exclusiva de la paranoia, sino que es propia de la dialéctica del poder y de la cosificación, el poder no se posee, el poder se ejerce (Foucault), el poder, el otro lo ejerce porque yo se lo permito.

Recordemos a Epícteto, el estoico ¿el esclavo? Quien se eligió estoico, libre, imperturbable en su ataraxía, aún ante un otro que le cosaliza al extremo de condenarlo a suplicios. Epícteto para su amo es inalcanzable en su ser, su proyecto le pertenece solo a él.

Epicteto
Epicteto http://www.biografiasyvidas.com

“No se sabe cuándo ni cómo fue llevado esclavo a Roma. También su nombre resulta incierto; posiblemente debe de ser un mero adjetivo (“apéndice”). Su señor Epafrodito, a quien algunos juzgan el famoso liberto de Nerón, le desfiguró con fría crueldad. Mientras el instrumento de tortura iba torciéndole la pierna, Epicteto se limitó a decir al verdugo: “¡Mira que la romperás!” Y cuando, finalmente, la pierna llegó a quebrarse, Epicteto añadió sencillamente: “¡Ya te lo dije!”” {fuente: http://www.biografiasyvidas.com}

Recordemos a Viktor Frankl quien durante su “vida” en el lager buscó los momentos para recomponer su tesis, misma que reflejó y legó a la humanidad. Él no fue imperturbable, caló muy hondo en él el lager, aun así continuó ejerciendo la libertad de no permitirles hacerlo cosa. Al recomponer su tesis en el lager continuó dándose un proyecto auténtico, personal.

En el extremo y volviendo a Buber, las acciones del mundo del Ello, para Buber tienden a la nada porque se alejan del ser.

Martin Buber – Yo y Tu – (I) Los mundos de las palabras primordiales.

Martin Buber - Yo y tú
Martin Buber – Yo y tú
ISBN: 978-950-602-024-8
Ediciones Nueva Visión

Aún auxiliado por mis apuntes de clase, imagino todo un desafío intentar una reseña o difusión de un texto tan sintético como lo es “Yo y tú” de Martin Buber. Sin embargo no puede estar ausente en un blog sobre filosofía de la existencia. La dificultad no reside en que su escrito sea difícil, sino en que él habla a la intuición, no a nuestro intelecto y en que quien les escribe no es un poeta. Buber es en muchos modos, un poeta, un romántico.

En “Yo y tu” se materializa uno de los hitos dialécticos de la filosofía de la existencia. Buber hace síntesis de múltiples pensamientos y abre un mundo de posibilidades a los que le sucedieron y sucederán.

Este escrito de Buber es una síntesis lingüística del diálogo del hombre en su mundo y que puede hacer su mundo, y presenta una cierta cercanía al pensamiento de Wittgenstein, recordemos que para el último los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje. Si bien el “Tractatus logico-philosophicus” (Wittgenstein) es de 1921. Opino que hasta la aparición de “Yo y tú” en 1923, se había hablado muchas veces de la dualidad de la realidad humana, de la bipolaridad del yin y el yang, del bien y del mal, en muchísimas formas ¿Pero se había hablado anteriormente, de la estructura del lenguaje humano con la claridad de Buber en esta obra?

La actitud del hombre es doble en conformidad con la dualidad de las palabras fundamentales que pronuncia.

…Una de las palabras primordiales que pronuncia es el par de vocablos Yo-Tú.

La otra palabra primordial es el par Yo-Ello, en el que El o Ella pueden reemplazar a Ello.

De ahí que también el Yo del hombre sea doble. Pues el Yo de la palabra primordial Yo-Tú es distinto del Yo de la palabra primordial Yo-Ello.

Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones.

Cuando se dice Tú, se dice al mismo tiempo el Yo del par verbal Yo-Tú.

Cuando se dice Ello, se dice al mismo tiempo el Yo del par verbal Yo-Ello.

… Cuando el hombre dice Yo, quiere decir uno de los dos.

… También cuando dice Tu o Ello, está presente el Yo de una u otra de las palabras primordiales.

Ser Yo y decir Yo son una sola y misma cosa. Decir Yo y decir una de las palabras primordiales son lo mismo. {pág 7}

El Yo-tu toma al tu como un absoluto, sin analizarlo, como un secreto kierkegaardiano. El Yo del Yo-ello, es el yo que cosifica.

Las palabras no significan cosas sino relaciones, las cosas no existen antes que sean dichas las palabras, las palabras solo pueden enunciarlas un existente, un ser consciente.

Cuando se dice Yo-tu se dice con el ser entero, porque  al cosificar al otro me mutilo a mi mismo. Cuando se dice Yo-ello, jamás se dice con el ser entero.

Buber además es un hombre de una fe profundísima, un idealista en el sentido platónico, el mundo de las ideas está en la tierra si logramos alcanzarlo detrás del mundo del Ello.

La vida de los seres humanos no se reduce solo al círculo de los verbos transitivos. No existe únicamente en virtud de actividades que tienen por objeto alguna cosa. Percibo algo. Tengo la experiencia de algo. Imagino algo. Quiero algo. Siento algo. La vida del ser humano no consiste solamente en todas estas cosas y en otras semejantes a ellas.

Todas estas cosas y otras similares a ellas dan fundamento al reino del Ello. {pág 8}

Recordemos que los verbos transitivos son aquellos que requieren o aplican a un objeto directo. El ser humano no se limita solo a esto, los verbos transitivos solo dan vida al mundo del Ello.

Ser, estar, existir, pertenecen al mundo del Tu. Cuando se dice Tu, no hay un objeto.

La fe de Buber le hace ver y abogar por una verdad superior al mundo de los medios o instrumentos.

Cuando se dice Tú, quien lo dice no tiene a ninguna cosa como su objeto. Pues donde hay una cosa, hay otra cosa.

Cada Ello confina con otros; Ello no existe sino porque está limitado por otros Ello. Pero cuando uno dice Tú, no tiene en vista cosa alguna. Tú no tiene confines.

Cuando se dice Tú, para quien lo dice no hay ninguna cosa, nada tiene. Pero sí está en una relación.

… las experiencias solas no acercan el mundo al hombre. Pues el mundo que ellas le ofrecen solo está compuesto de esto y de aquello, de El y Ella, y de Ella y Ello.

El Tú no tiene confines en Buber, es la libertad en Sartre, el reconocer al otro como un ser libre. Cuando digo Tu, no poseo sino una relación con el Tu, y no hay otra cosa.

Las cosas son experimentables, la experiencia no acerca el mundo al hombre. Si cosifico afuera, cosifico adentro.

Para Buber, el mundo del Ello es de las percepciones y deseos, en este mundo el hombre no puede incidir en el mundo porque no está en relación con ningún Tu, lejos del Tu eterno (dios), sino que está en una relación de instrumentalidad, de técnica (G. Marcel) aplicada a los objetos del mundo para un determinado fin.

Nada cambiará con agregar a las experiencias “externas” las experiencias internas, según una distinción de ningún modo eterna, que nace de la necesidad que la especie humana tiene de hacer menos agudo el misterio de la muerte ¡Cosas externas o internas, no son sino cosas y cosas!

(…) El hombre que tiene experiencia de las cosas no participa en absoluto en el mundo.

(…) El mundo no tiene parte en la experiencia. Se deja experimentar, pero  no compromete su interés . Pues esta experiencia nada le agrega y nada agrega a la experiencia.

En cuanto experiencia, el mundo pertenece a la palabra primordial Yo-Ello. {pág 9}

El mundo de la relación, en contraste al mundo de la experiencia, comprende el mundo de las relaciones de la palabra primordial Yo-Tu.

La relación de diálogo puede establecerse en tres esferas.

  • Esfera de la relación dialógica con la naturaleza.

La relación es allí oscuramente recíproca y está por debajo del nivel de la palabra. Las creaturas se mueven en nuestra presencia, pero no pueden llegar a nosotros, y el Tú que les dirigimos llega hasta el umbral del lenguaje. {pág. 9}

Aquí Buber usa creaturas (creación) y no criaturas con completa intensión. Para Buber, la relación con la naturaleza es intuitiva, por debajo del lenguaje, en oposición a Wittgenstein quien afirma que no hay mas allá del lenguaje y que los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro lenguaje.

  • Esfera de la relación dialógica con los hombres.

La relación es allí manifiesta y adopta la forma del lenguaje. Allí podemos dar y aceptar el Tú. {pág. 9}

En esta esfera si coincide con Wittgenstein.

  • Esfera de la relación dialógica con las formas inteligibles.

Aquí la relación es con dios, con los universales y absolutos, con el ser.

La relación está allí envuelta en nubes, pero se devela poco a poco; es muda, pero suscita una voz. No distinguimos ningún Tu, pero nos sentimos llamados y respondemos, creando formas, pensando, actuando. {pág. 10}

Disenso: En lo personal, no encuentro satisfacción, saciedad en las palabras, a mi juicio, idealistas de Buber ¿A caso Stalin, Mao, Pol Pot, Hitler no incidieron en el mundo? Espero al avanzar en la lectura que Buber me conteste. Sí coincido en que no hubo, ni podrá haber, relación dialógica alguna de estos perversos con el mundo.

En las tres esferas, gracias a todo lo que se nos torna presente, rozamos el ribete del Tú, eterno, sentimos emanar un soplo que llega de Él; cada Tú invoca el Tú eterno, según el modo propio de cada una de las esferas. {pág 10}

Árbol de la Vida, de Athanasius Kircher (1602-1680).
Árbol de la Vida, de Athanasius Kircher (1602-1680).

Lo inefable, el aliento del Tu eterno absoluto. Buber muestra su profunda influencia religiosa, uno lee en él la influencia de los cabalistas.

Buber toma por primer ejemplo a la relación y experiencias de/con la naturaleza tomando en consideración un árbol.

Puedo ver solo a la ciencia en la naturaleza como lo hace el darwinismo. Puedo escribir un poema sobre el árbol, recuérdese, por ejemplo “Mi planta de naranja lima”, “Platero y yo”.

Yo-Ello Yo-Tu

Puedo encararlo como a un cuadro: pilar rígido bajo el asalto de la luz, o verdor resplandeciente, suavemente inundado por el azul argentado que le sirve de fondo.

… como movimiento: red hinchada de vasos ligadas a un centro fijo y palpitante, succión de las raíces, respiración de las hojas, incesante intercambio con la tierra y el aire… y ese oscuro crecimiento mismo.

Puedo clasificarlo en una especie y estudiarlo como un ejemplar típico de su estructura y de su modo de vida.

Puedo deshacer su presencia y su forma al extremo de no ver en él mas que la expresión de una ley… o de leyes de acuerdo con las cuales se produce la mezcla y la disociación de las materias vivientes.

Puedo volatizarlo y conservarlo sólo como un número o una pura relación numérica.

… también puede ocurrir que por un acto de voluntad o por inspiración de la gracia, al considerar este árbol yo sea conducido a entrar en relación con él. Entonces el árbol deja de ser un Ello. Me ha captado la potencia de su exclusividad.

Para esto no es necesario que yo renuncie a alguno de los modos de mi contemplación. Nada hay de lo cual deba hacer abstracción para verlo, nada debo olvidar de lo que sepa. La imagen y el movimiento, la especie, el ejemplar, la ley y el número se hallan indisolublemente unidos en esta relación.

(…) El árbol no es solo una impresión, ni un juego de mi imaginación, ni un valor dependiente de mi estado de ánimo. Erige frente a mí su realidad corporal, tiene que ver conmigo como yo con él…

(…)¿Tendrá este árbol una conciencia, y una conciencia similar a la nuestra? De tal cosa no tengo experiencia. Pero, porque aparentemente tenéis éxito al hacerlo con vosotros mismos, ¿volveréis a intentar la descomposición de lo indescomponible? Quien se hace presente a mí no es el alma ni la dríada del árbol, sino el árbol mismo.

{pág: 10, 11}; La dríada es una ninfa de los bosques.

Obsérvese que la concepción del árbol en la esfera del Tú es muy cercana a la de la idea-de-árbol de Platón. También Buber antecede a Sartre en la crítica acérrima al psicologismo analítico freudiano, ese es el sentido de su frase “Pero, porque aparentemente tenéis éxito al hacerlo con vosotros mismos, ¿volveréis a intentar la descomposición de lo indescomponible?“. Buber no considera exitoso el análisis del espíritu o consciencia porque al “desgarrar” el ser se le oculta, en términos de G. Marcel, el análisis freudiano es una técnica que nos oculta el ser (la conciencia sartreana). La conciencia humana es indescomponible, indivisible al igual que las ideas platónicas.

Solo mediante “desgarraduras”, el análisis puede hacer de esa unidad una multiplicidad y en el acto cosifica.

La esfera del Yo-Tu con otras personas comienza así:

Cuando colocado en presencia de un hombre que es mi Tú, le digo la palabra fundamental Yo-Tú, él ya no es una cosa entre las cosas, ni se compone de cosas.

… no es El o Ella, limitado por otro El o Ella, un punto destacado del espacio y del tiempo y fijo en la red del universo. No es un modo del ser perceptible, descriptible, sino que… el es Tú y llena el horizonte. No es que nada exista fuera de él; pero todas las cosas viven a su luz. {pág 11}

Otro ser humano al que me dirijo sin cosificarlo, lo llamo Yo-Tu, nosotros (Marcel), pero no hay separación, de otro modo sería Yo-Ello. Al cosificar se anulan los valores, cosificar es inético, en el Yo-tu se alcanza el horizonte de los valores.

Entiéndase bien, Buber, Marcel, Sartre, no niegan la importancia, la necesidad, del análisis, sino que afirman que todo análisis debe volver al ser. Fenomenológica-mente (Husserl) podemos decir que uno debe reducir el fenómeno sobre el que intenciona hasta el ser que está detrás.

La melodía no se compone de sonidos, ni el verso de palabras ni la estatua de líneas, sino que solo mediante desgarraduras se llega a hacer de su unidad una multiplicidad: lo mismo acontece con el hombre a quién digo Tú. Puedo abstraer de él el color de su cabello, o el color de sus frases, o el matiz de su bondad. Estoy sin cesar obligado a hacerlo. Pero cada vez que lo hago deja de ser Tú. {pág. 11}

Buber también precede a la afirmación sartreana de que la conciencia nihiliza el tiempo.

Y así como la plegaria no tiene existencia en el tiempo, sino el tiempo en la plegaria; así como el sacrificio no tiene existencia en el espacio, sino el espacio en el sacrificio, y que invirtiendo esta relación se llega a abolir la realidad, así también no descubro al hombre que llamo Tú en ningún tiempo y en ningún lugar determinado. Puedo situarlo en ellos, estoy sin cesar obligado a hacerlo, pero desde entonces es un El o Ella, esto es, un Ello, y no mas mi Tú. {pág. 12}

Groseramente, puedo decirles que Buber habla, por ejemplo, de ese juicio tan común: “fulano no cambia mas”. De como nuestros juicios cosifican al otro en un momento anulando su libertad de ser otra cosa que lo que hicieron de él (Sartre), de lo que nosotros hacemos de él al cosificarlo. En este momento les pido que recuerden a “San Genet, comediante y mártir” o bien, que agenden su lectura.

Respecto de la alegoría del “espacio en el sacrificio”, me recuerda a Kierkegaard cuando comenta la angustia de Abraham ante la orden, del absoluto, de sacrificarle a Isaac, que infinita debe haber sido para Abraham la subida del monte Moriah.

Sí, es claro para mí que este tipo de relaciones son indescriptibles, solo el poeta puede acercarse y aún así jamás alcanzarla. Es que aunque se tuvieran las palabras, la relación no se agota en un momento del tiempo, ni en nuestra percepción finita, limitada que de esta tenemos, y se requeriría la eternidad. Eso es completamente intuitivo.

El otro a quien me dirijo puede no escucharme en la misma esfera en la que le hablo, no cambiará para mi la relación con él Tu eterno. Pensemos en un padre amoroso que habla a un dolido y egoísta hijo adolescente. Pensemos en un Buber cuya existencia cesó en 1965 y a quien intentamos decirle Tu ahora.

La relación puede existir aunque el hombre a quien digo Tu no lo sepa en su experiencia. Pues el Tu es más que lo que el Ello conoce. El Tú es mas activo y experimenta más de lo que el Ello tiene conciencia. Ninguna decepción tiene acceso aquí: aquí está la cuna de la vida verdadera.

 Continuación.